No debería confundirse escuchar con oír. Oír no es más que una experiencia física, mientras que escuchar trae aparejado un proceso complejo que implica absorber y juzgar lo que se oye, y actuar acorde. Lee esta nota y conoce las pautas para aprender a escuchar.
Utilizar la empatía en la comunicación
La clave para escuchar con eficiencia es la empatía, es decir, la capacidad de ver una idea o un concepto desde el punto de vista del otro. La empatía implica comprensión, pero no necesariamente significa estar de acuerdo. Debemos confiar en nuestras ideas y actitudes, así evitaremos adoptar una postura defensiva; tratar de comprender la información nueva, aun cuando entre en conflicto con nuestras propias ideas.
Reconocer nuestros prejuicios
Los prejuicios son una de las principales barreras que impiden escuchar de verdad. Lo ideal sería que pudiéramos escuchar sin prejuicios. Dado que esto es prácticamente imposible, lo mejor es reconocer cuáles son y hacer un esfuerzo conciente para ignorarlos.
Mantener la mente abierta y atenta a las palabras que nos “desencadenan” un impacto emocional
La gente que sabe escuchar trata de identificar y racionalizar las palabras o frases que la afectan emocionalmente y dificultan su capacidad de percepción y comprensión. Con frecuencia, el impacto emocional de tales palabras puede atenuarse luego de una conversación franca y abierta acerca del tema con colegas o amigos.
Encontrar un área de interés
Escuchar con eficiencia es más fácil si nos interesa el tema bajo discusión. Si por el contrario catalogáramos el tema como aburrido y queremos dejar de escuchar, lo mejor será preguntarnos si algo de lo que se está diciendo puede resultarnos útil. ¿No tendrá acaso el orador alguna idea que valga la pena escuchar?
Evitar las distracciones
Quienes no saben escuchar se distraen con facilidad, incluso cuando se encuentran cara a cara con su interlocutor. En cambio, quien sabe escuchar evita instintivamente las distracciones. Algunas veces esto puede lograrse con facilidad, ya sea cerrando una puerta, apagando la radio o acercándose al interlocutor.
Aprender a concentrarse
Escuchar no es una actividad pasiva sino que requiere esfuerzo y energía. Enfermos o cansados no podremos escuchar atentamente.
Una de las principales razones por las que no se presta atención al escuchar es la falta de incentivo. Para escuchar atentamente, debemos estar convencidos de que lo que vamos a oír nos interesará. Si adoptamos la actitud de intentar sacar provecho de todo lo que oímos, entonces, cuando se diga algo que valga la pena, lo tendremos en cuenta.
Si nos expones a situaciones donde no resulte fácil escuchar (como escuchar entrevistas, discusiones y conferencias sobre temas que desconoces) ganaremos una valiosa experiencia en la práctica de escuchar.
Ser un oyente crítico
Al escuchar, debemos evaluar lo que dice el orador y las conclusiones que extrae. Si percibimos alguna debilidad en su argumento, la tendremos en cuenta para cuando llegue el momento del debate.
No perder los estribos
El exceso de entusiasmo es casi tan dañino como la indiferencia, y ambos son los peores enemigos de la capacidad de escuchar. Deberemos aprender a no enardecernos acerca de lo que una persona dice hasta tanto estemos seguras de que lo entendemos a fondo.
Prestar atención a las ideas
La gente que sabe escuchar se concentra en las ideas principales en lugar de intentar memorizar cada dato. Entonces, aprendamos a reconocer el lenguaje característico que se usa para exponer las ideas centrales.
Formular preguntas
La mejor manera de verificar que hemos entendido al orador es formular preguntas para aclarar y ampliar lo dicho. Para clarificar ideas, podemos pedirle al orador que las repita o reformule. Para ampliar el mensaje, pediremos información adicional. Una pregunta inteligente demuestra interés, pero tengamos cuidado de no sonar hostiles o descalificadores: la cortesía es clave; y también que el momento sea el oportuno.
Estar seguras de comprender
Si no estamos seguros de haber entendido correctamente lo que dijo el interlocutor, podemos repetir brevemente lo que interpretamos y preguntar: "¿Es esto lo que quiso decir?"
Las recompensas de aprender a escuchar
Si aprendemos a escuchar, podremos:
• Adquirir conocimiento
• Incentivar a la gente a abrirse
• Ser más eficientes y ahorrar tiempo, energía e incluso dinero.
• Mejorar las relaciones interpersonales
• Identificar con mayor facilidad problemas y quejas.
Nota publicada por Grupo S&N:
www.desecretarias.com
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