
Trabajar desde casa, al más puro estilo freelance, es el sueño de muchos empleados. Y es normal que así sea, porque “tener la oficina en casa”
implica un montón de ventajas. Sin ir más lejos, nos permite evitar los
incómodos y costosos desplazamientos, que en las ciudades grandes llegan a
convertirse en una auténtica tortura.
Sin embargo, trabajar desde casa también acaba generando algunos riesgos e inconvenientes que al principio no somos capaces de valorar.
En el artículo de hoy vamos a analizar los pros y los contras, para tratar de encontrar un buen equilibrio:
—VENTAJAS DE TRABAJAR DESDE CASA:
Ahorro
Es evidente: si trabajas desde casa conseguirás ahorrarte un montón de tiempo y de dinero en desplazamientos. De hecho, incluso puedes prescindir del coche,
que va inmediatamente asociado a una larga cuenta de gastos: compra del
vehículo, combustible, mantenimiento, garaje, seguro…
También tendrás la oportunidad de ahorrar en alimentación: suele ser mucho más económico y mucho más saludable comer en casa que en un restaurante, por mucho que siempre busques los menús del día más ajustados.
Comodidad
Trabajando en casa, la cama está a un minuto de la oficina, por lo que no necesitas madrugar demasiado, y puedes apurar hasta el último minuto antes de empezar con las tareas del día.
Además, salvo que vayas a ver a un cliente, no tienes por qué dedicar demasiado tiempo a tu aspecto exterior. Te pedirán cuentas por tu trabajo, no por la pinta que llevas.
Tareas del hogar
Puedes dedicar a tu casa buena parte del tiempo que te has ahorrado en desplazamientos. Con un poco de esfuerzo, el resultado se dejará ver: todo más limpio y ordenado, el frigorífico lleno, ninguna bombilla fundida…
Además, trabajar desde casa supone una gran ventaja cuando esperas una entrega, o cuando necesitas a un profesional: es la única forma de estar
disponible cuando llega un paquete, una carta certificada, cuando vienen de la
compañía de teléfono para instalar el ADSL, cuando por fin aparece el fontanero
para reparar una avería…
Los empleados no suelen tener tanta suerte. Y es que coordinar estas cosas desde la oficina resulta complicado, más si tenemos en cuenta que los horarios
de los profesionales suelen ser meramente orientativos: si dicen que vendrán a
las cuatro de la tarde, eso puede significar que llegarán a las tres, o a las
siete y media, o que llamarán a última hora explicando que han tenido un
problema, y que lo dejan para el día siguiente.
Tu propia agenda
La gente que trabaja en casa dispone de una mayor flexibilidad para hacer deporte, apuntarse a cursos de formación, llevar a los niños a la guardería o el
colegio, visitar a los profesores, asistir a actividades escolares y
extraescolares, etc. Y además, están disponibles cuando se produce alguna
emergencia. Por ejemplo, que el niño se ponga enfermo.
Es evidente que todas estas actividades suponen tiempo, y que el trabajo pendiente no se va a hacer solo. Pero no es lo mismo tener la capacidad de
organizarse uno mismo, que tener que estar todo el tiempo dando explicaciones a
superiores y compañeros en la oficina.
Crear tu propio ambiente
Trabajando en casa puedes elegir la temperatura ambiente -se acabaron las tradicionales batallas por el aire acondicionado- la música, la decoración, el
orden de las cosas… En otras palabras, tú decides. De esta forma puedes diseñar
el ambiente perfecto para trabajar a gusto.
—RIESGOS Y DESVENTAJAS DE TENER LA OFICINA EN CASA:
No hay separación entre el trabajo y el resto de tu vida
Si trabajas en el mismo sitio en el que comes, duermes, descansas, ves la tele, cocinas, compartes cosas con tu familia y tus amigos… al final es muy
posible que acabes mezclando el trabajo con todo lo demás. Y eso puede tener
efectos psicológicos negativos. Por ejemplo, que te cueste desconectar.
Cuando alguien sale de la oficina, sabe perfectamente que no volverá a verla hasta el día siguiente, que el trabajo se ha acabado. Incluso si todavía debe
trabajar un rato desde casa, sabe que se trata de un espacio distinto, asociado
a actividades y sensaciones muy diferentes. En cambio, la gente que trabaja en
su casa a veces tiene la sensación de que nunca abandona su espacio de trabajo,
de que la jornada laboral no tiene fin y le persigue hasta cuando duerme.
Una cierta soledad
La soledad puede ser una muy buena compañera para trabajar y rendir al máximo. Pero acaba pasando factura. Somos seres sociales –es verdad que unos más
que otros- y necesitamos relacionarnos con gente. En una oficina puedes charlar
con los compañeros, tomarte un café, hacer bromas… En casa, trabajando solo,
no.
Es cierto que en la oficina podrías estar al lado de gente que no te cae bien (podrías llevarte mal con tu jefe, sin ir más lejos) pero está claro que, al menos de vez en cuando, necesitamos hablar con alguien.
Encontrar los horarios
Las oficinas suelen tener horarios –más o menos flexibles- de entrada y de salida. Mucha gente los odia, pero también es cierto que esos horarios pueden ayudarte a mantener una rutina organizada y productiva.
Una vez en casa, sin nadie que te vigile ni presione –excepto tú mismo y a veces el cliente- es imprescindible que diseñes y cumplas tus propios horarios
de trabajo. De lo contrario, tu actividad profesional, e incluso tu propia vida,
pueden convertirse en un auténtico caos.
Mantener el orden
Para trabajar de forma eficaz es necesario disfrutar de un espacio ordenado. Si trabajas en casa, esta exigencia se vuelve todavía más complicada, porque es
muy fácil que compartas el espacio de trabajo con el de ocio y convivencia.
Además, es muy posible que ese mismo espacio sea utilizado en algún momento por
el resto de la familia, o por tus compañeros de piso.
No todo el mundo dispone de una vivienda amplia, con habitaciones para cada función. Por eso, muchos freelance utilizan espacios mixtos, que por el día son
parte de una oficina, y por la noche son un salón, un dormitorio, etc. Como
hemos comentado, estos espacios compartidos pueden ser fácilmente invadidos por
otros habitantes de la casa. De ahí al desorden solo hay un trecho…
Las tentaciones
Cuando tu domicilio es también tu oficina, siempre tienes a mano un montón de distracciones: un televisor, un frigorífico, una guitarra, tu colección de
comics, los videojuegos, y otras mil cosas que siempre resultan más divertidas
que realizar una tarea complicada.
El riesgo es enorme si no eres una persona ordenada y con fuerza de voluntad. Cuando quieras darte cuenta, la fecha de entrega se te habrá echado encima, y tú todavía estarás jugando a la Playstation…
Esclavos y esclavas del hogar
Como hemos avanzado antes, estando en casa puedes ocuparte de muchas tareas que, cuando trabajas fuera, resultan complicadas de gestionar. Pero eso tiene su
contrapartida. Si dedicas demasiado tiempo a ordenar la casa, limpiar, cocinar,
lavar, etc. te quedarás sin tiempo para tus proyectos. Y eso sería el fin para
tu carrera como freelance.
A este respecto, se suele registrar un efecto curioso: si tu pareja trabaja en una oficina y tú lo haces en casa, es muy común que tu pareja entienda que
debes ser tú quien se ocupe de todas las tareas del hogar, ya que siempre estás
allí, disponible… Evidentemente, esto no es cierto, ni es justo, pero no serías
la primera persona a la que le ocurre.
El efecto cueva
Imagínate que pasas un par de meses trabajando prácticamente solo desde casa, con tus pantalones cortos y tus zapatillas. Los clientes confían en ti, y puedes
gestionar todo por teléfono o a través de Internet. Estás plenamente concentrado
en el proyecto. Un día, un cliente potencial se interesa por tus servicios y
quiere reunirse contigo. Es muy posible que aparezcas en el lugar de la cita con
un aspecto más que curioso: barba de varios días, una falda que no te ponías
hace meses, y que te queda grande porque has adelgazado sin darte cuenta, unos
zapatos viejos…
Es el conocido como efecto cueva. Llevas tiempo metido en tu trabajo, y un poco alejado de las relaciones sociales. Por eso tu aspecto se parece más al de
un náufrago que al de un profesional freelance. En realidad, no tiene nada de
malo -siempre que no descuides tu higiene, claro- pero deberías tenerlo en
cuenta a la hora de visitar a nuevos clientes, que todavía no saben cómo
trabajas, y pueden dejarse llevar por la primera impresión (y los prejuicios
asociados).
Algunas alternativas muy sencillas
No todos los profesionales tienen suficientes recursos como para alquilar una oficina propia. Pero, afortunadamente, existen algunas alternativas asequibles para paliar las desventajas de trabajar dentro de casa:
- De vez en cuando, alterna el trabajo en casa con el trabajo en otras ubicaciones: cafeterías, bibliotecas, parques…
- Utiliza espacios de trabajo conjunto, donde por un precio moderado puedes compartir espacio con otros profesionales. Tendrás la oportunidad de charlar con ellos, conocer gente con circunstancias parecidas a las tuyas, etc.
- Unas buenas actividades extra-laborales (deportivas, sociales, culturales) te ayudarán a relacionarte con otra gente para escapar de la típica soledad del profesional freelance.
Y tú, ¿cómo lo ves? ¿Cuál es tu experiencia? ¿Dónde prefieres trabajar?


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